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las divergencias del desarrollo

El contexto del crecimiento de la economía peruana que se desarrolla como consecuencia de las reformas estructurales de apertura y libre mercado de la década de los noventa, no nos hace perder de vista que Perú está aun distante de pertenecer a la “primera división” del desarrollo mundial, por lo que necesitamos dar un salto dramático en varias esferas y en pocos años.

Esta distancia se materializa en cinco grandes divergencias que constituyen la agenda pendiente relevante del desarrollo nacional.

La primera divergencia es la de oportunidades individuales. Una sociedad más cohesionada y con ciudadanos que conozcan y defiendan sus verdaderos derechos no sólo es un asunto que atañe a la justicia sino que también es un requisito indispensable para mejorar la competitividad. El eje de esta acción es la mejora radical de la calidad de la enseñanza institucionalizada y su cobertura, que es el requisito real y probado para sentar bases reales para reducir la desigualdad social, ante el rotundo fracaso de las políticas asistencialistas estatales.

La segunda divergencia es la de la competitividad. Hoy los países y los espacios territoriales compiten, no sólo las empresas y las personas. Para ello, hay que aprovechar las oportunidades de los mercados internacionales, pero muy especialmente fortalecer agresivamente una educación moderna,  trabajar e innovar más y mejor, promover la empresarialidad y construir un Estado que sea socio estratégico de los emprendimientos, tanto institucionales como individuales, eliminando las trabas burocráticas y la corrupción.  

La tercera divergencia es entre el aparato estatal y la ciudadanía. El estado se percibe por la ciudadanía como que actúa a sus espaldas, que percibe otra realidad, que está lejano y que “no le duele el Perú”. Es indispensable acercar el estado a la gente, para lo cual hay que modernizarlo y descentralizarlo de manera eficaz y eficiente, para lo cual debe hacerse más abierta, transparente y competitiva la actividad política, desde la elección hasta la rendición de cuentas, terminando con el blindaje del excesivo secreto y el entramado de favores y coberturas que quitan transparencia a la gestión del aparato público.

La cuarta divergencia es la de la discriminación. Una sociedad atravesada por los mestizajes “de todas las épocas y de todas las sangres” pero a la vez por las discriminaciones multi-direccionales, se vuelve disfuncional para alcanzar los objetivos del desarrollo sostenido. Urge construir una sociedad inclusiva y no discriminante donde puedan coexistir todas las diversidades con el goce de libertades individuales dentro del marco de un estado de derecho estable. Y desde luego, donde impere un sistema de justicia en el cual los individuos y las organizaciones sean iguales ante la ley. Esta igualdad ante la ley, antes que debido a la ley, es imprescindible para el sostenimiento del desarrollo.

La quinta y última divergencia es la de la confianza. La desconfianza es moneda corriente en los diversos e incontables intercambios que procesan los actores sociales en Perú y en Latinoamérica. Esto genera incontables daños a la competitividad y al desarrollo por los impactos en los costos directos y de transacción. Pero además, existe una profunda desconfianza en la capacidad de los individuos, en tanto personas, como miembros de la sociedad en general u organizados en grupos, para construir su propio destino. Es preciso revertir esa situación generando un entramado social de confianza que parta de reconocer el poder de la libertad individual para llevar a cabo acciones humanas coherentes con la búsqueda del bienestar y con la responsabilidad que ello implica, dentro del marco del estado de derecho y el respeto por la libertad y derechos de los demás.

 

 

 
 
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